Julio 2, 2008...4:43 pm

Avanza Julio

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En las horas que precedieron al envío del telegrama muchas ideas pasaron por la cabeza de Julio.  Estaba seguro de la determinación que había tomado pero no podía avizorar aun las consecuencias de sus actos.
Trabajaba en la  curtiembre familiar desde los 18  y  ya con 32 tenia bien en claro que ese no era el futuro que buscaba para si. El problema no era quien iba a sustituirlo en la labor sino más bien como iba a quedar su padre luego de este  segundo abandono. El primero había ocurrido cuando Julio tenía tan solo 11 años. Hacia dos semanas que había fallecido su hermano mayor mientras nadaban alrededor de velero que su padre aun conservaba en Málaga. En aquella oportunidad Julio le pregunto a su padre por el purgatorio:
-       Julio, ese es un lugar que no existe. Es un invento de los curas.
-       ¿Entonces, donde esta Pedro, papa?
Su padre se quedo inmóvil, atónito y en silencio ante semejante cuestionamiento ontológico: donde iban los seres al dejar de ser?  Nunca obtuvo esa respuesta que busco por años. Dos días después Julio se tomo un tren a Málaga para ver si los curas podían darle respuesta. Después de todo, supuso que esos curas serian los que mejor sabrían donde podría estar su hermano.
En la catedral de la Encarnación  Málaga consiguió hablar con  el Padre Francisco que entre pena y catecismo le explico exactamente donde estaba Pedro : con Dios en el cielo. Le dijo además que Julio no debía estar triste ya que su hermano se encontraba en lugar mejor que en esta tierra de pecado.  Julio salio de esa charla con el párroco bastante tranquilo y se decidió a caminar por la Calle de los Curas desde donde podía apreciar los barcos del puerto. Antes de llegar al Paseo de la Farola pudo apreciar el  Ventisquero a lo lejos. Sus dos mástiles le traían sus mejores recuerdos de infancia cuando todavía Pedro jugaba con el sobre cubierta. Veinticinco días antes había salido los tres a dar un paseo por el mediterráneo. Había sido Pedro el que sugirió saltar al agua mientras su padre dormitaba en la rueda. Jugaron un rato a la “macha acuática” pero en el cuarto turno Julio nunca pudo encontrarlo.
Desde lo lejos el Ventisquero se veía inmutable a las emociones humanas pero una vez que llego frente al barco pudo ver en el un dejo de tristeza como si un barco pudiera sentirse culpable de los accidentes que suceden a su alrededor.  No se atrevió a subir. Solo se quedo mirando absorto la leve tristeza que le parecía emanaba ese barco.  A eso de las 7 mientras el sol se ocultaba  justo tras la  Catedral sintió el motor del Ford detrás de él, los siete pasos de bronca y el golpe en la nuca
-       ¿Quien coño crees que eres para irte así sin avisar?  ¿Crees que puedes abandonarnos así nomás? ¿O acaso no sabes por lo que hemos pasado tu madre y yo? Mequetrefe del Diablo …
Las palabras de su padre resonaban en su cabeza más que nunca mientras se dirigía a la oficina postal. Este telegrama lo tomaría su padre del mismo modo que su paseo de 1986. Pero no tenía otra opción. No podía seguir viviendo para el confort de sus padres, ni en la memoria de su hermano muerto. Debía empezar su propia búsqueda antes de  que fuera demasiado tarde. Tenia la esperanza, tal vez inútil, de que algún día su padre lo entendiera. Pero ahora no podía detenerse a pensar en eso, era hora entrar en el correo y mandar su telegrama.
Había tres personas delante de el y al tocarle el turno el viejo Octavio le dijo con firmeza
-       Avanza, Julio.
Le pareció curios mientras daba los tres pasos como esa frase tan cotidiana podía significarle tanto.  Había estado trabado por 21 años y este telegrama  lo liberaba.
Tras tipear, el viejo Octavio que lo conocía de pequeño le pregunto:
-       ¿Qué pasa Julio? ¿Te vas de la curtiembre? Pero… ¿Adonde vas?
-       Me voy al mar. Será solo por un tiempo, no te preocupes.
Julio se dio la media vuelta tras pagar los 4 Euros. Se dirigió nuevamente a la Estación de Aljamia como hacia 21 años. De hecho era la primera vez que tomaba el tren a Málaga desde entonces. Faltaban nueve minutos para que viniera el “convoy”. Durante esos minutos no paro de mirar por entre las rejas temiendo que apareciera el Ford y los pasos de su padre.  Claro que su padre conducía ahora un SEAT pero de todos modos temía que apareciera el Ford verde del 86.
El tren llego a horario y Julio por fin pudo empezar a planear su vida: saldría al mar en ventisquero , fondearía más tarde en Torre Bermeja. Al día siguiente llegaría si el viento se lo permitía a Marbella.
Se dio cuenta : el cura le había mentido. Su hermano no estaba en el Cielo, estaba en el mar. Pedro estaría con el en unas horas, pero no todavía. Todavía estaba en el tren rumbo a Málaga.

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