Septiembre 12, 2009...3:32 pm

La Cruel Realidad

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Al paso de los días, se iban haciendo más largas las noches. Los sedantes perdían su efecto terapéutico y a Franco se le venían las memorias de eso tiempo de sufrimiento vividos en su juventud.  Mira hacia el techo de la habitación tratando de mirar en un solo punto,  pero en instantes se trasporta, viendo así   imágenes de su familia cuando  vivían en el eje cafetero.   Lo ataco un episodio de tos y estiro la mano para alcanzar el inhalador colocado en la mesa de noche, donde pone todos sus medicamentos y un vaso de agua. Se hizo su inhalación, pero su pecho no dejaba de silbar; la vida le facturaba los más de 25 años de cigarrillo. Intento acomodarse en su cama ortopedia con dos almohadas en la espalda para poder respirar con mayor facilidad. Se sonó nariz y aprovecho para limpiarse las lágrimas de los recuerdos.

3:27 marca la hora en el radio reloj, es la octava vez que mira a la hora, se levanta con dificultad y se dirige al baño,  alza la tapa del inodoro y comienza su chorro a salir lentamente, termina de orinar y siente que todavía tiene llena la vejiga.  Se mira al espejo, ve sus conjuntiva eritematosas, unos parpados inflamados, su barba tupida de una semana sin afeitarse,  y un cabello desordenado. Después de unos minutos deja de insistir en orinar y se regresa a su cama.  No deja de pensar en la pregunta de su nieto de sus tiempos de juventud. Recordado los tiempos difíciles cuando regreso del ejército, su padre trabajaba para la policía, y no alcanzaba el sueldo para la comida de tantas personas. Vivian en una pobreza muy deplorable, sus hermanos menores se pasaban la ropa por tallas, una vez que al grande no le sirviera le pasaba la ropa al siguiente hasta gastarla.

Eran los tiempos de la violencia, la delincuencia  aumentaba sus filas y se hacía cada vez más fuerte debido a la injusticia social. Franco con el dinero de la paga del ejército nacional por sus servicios prestados fue a la galería a comprar comida para su familia, pero en menos de dos semanas el mantenimiento de 12 bocas hambrientas hizo de la despensa un pueblo fantasma. El padre con el sueldo a duras penas podían pagar la renta y los servicios públicos. Entonces se puso a buscar empleo en lo que fuera, para poder ayudar a su padre con la responsabilidad de la familia. Hernán el hermano mayor era un vagabundo, se volaba de la casa desapareciéndose  por varios días y la única forma de encontrarlo era cuando terminaba en la cárcel por algún robo.

La situación se iba haciendo cada día más complicada, las oportunidades de trabajo no existían, y la comida en casa escaseaba. Viendo la situación decidió ir a la galería para recoger alimentos desechados por malos pero que se pudieran consumir, papas en mal estado, panelas quebradas, plátanos mallugados, y frutas maduras. De regreso a casa paso por una oficina de vigilancia, lleno la hoja de vida con la esperanza e ingenuidad de ser llamado por su gran expediente de ser egresado del ejército nacional y ser hijo de policía, pero la realidad fue otra cuando paso el documento y lo anotaron en una lista de espera de varias páginas. Le dieron la esperanza de darle trabajo si en algún momento hubiera alguna vacante, terminándole diciendo que pasara todos los días a ver si le tenían el trabajo. Saliendo de la oficina un señor le dijo de un trabajo en una fábrica de colchones.

Trabajo dos meses en  la construcción de la ciudadela para los trabajadores de la fábrica, lo contrataron para hacer bloques de cementos manualmente. En la primera semana de trabajo sus palmas se pelaron debido a una dermatitis por contacto al material tan fuerte de la mezcla, pero eso no fue una excusa para dejar de trabajar. No dejaba de pasar por la oficina de vigilantes en las mañanas antes de llegar a su trabajo de construcción.  La escuela para sus hermanos comenzaba, necesitando materiales para poder estudiar, uniformes y sobre todo zapatos; porque la mitad de sus hermanos caminaban descalzos por las calles des pavimentadas. Su contrato con la fábrica termino, pero  las bocas de su familia no se saciaban fácilmente, el hambre abundaba.  Aumentaba  su angustia y lo hacía entrar desesperación.

Los días fueron pasando, pero el hambre persistía. Comenzaron a entrarle ideas a la cabeza  como entrar a una casa o entrar a un banco a robar. Sabia del revólver  guardado en una de las gavetas de la mesa de noche del cuarto de su padre. Hizo sus planes menos ambiciosos, robaría a una persona la cual saliera del banco con dinero, utilizaría el revólver para asustar a la víctima y solo en caso de emergencia dispararía. A donde dispararía hacia arriba, a un brazo o una pierna, y si por cosas del destino, no por mala puntería, le pegara el balazo en una zona como el corazón y la persona muriera.  Se vio pagando una pena de por vida por el asesinato. Los titulares en el periódico dirían “Joven mata por alimentar una familia”.  Vio el video que le pasaba por la cabeza, vio a su madre y a su familia desesperados por comida. Fue al cuarto del papa, se dirigió a la mesa de noche y abrió la gaveta. Sintió el frio del revolver lechuza en sus manos, lo cargo con cinco cartuchos, y se lo apretino.  Salió desesperado sin rumbo fijo.

Después de caminar varios minutos, pensó en dirigirse al barrio de tolerancia, lugar exclusivo para la prostitución en la ciudad; donde el dinero fluía sin ninguna restricción. En camino paso por la cuadra de la oficina de vigilancia. Escucho el llamado de una mujer a la distancia, se asusto por algunos segundos, creyendo ser perseguido antes de cometer el delito.  Pero era la recepcionista de la oficina informándole de la posición dispone debido a la enfermedad de uno de los mejores trabajadores, con la mejor plaza de vigilancia a pocas cuadras del club de la peña taurina. Inmediatamente le prestaron una gabardina tres veces su talla, color amarillo y oliendo a sudor mezclado con mugre. Un bolillo para defenderse de algún ataque y un pito para avisar a los ladrones su cercanía.   

Su trabajo consistía en caminar por un sector de 10 cuadras, vigilar sus grandes casas de la zona donde en la mitad se encontraba el club, uno de los sitios más exclusivos de la ciudad, donde se iba a celebrar una reunión con las personalidades  distinguidas del mundo taurino entre ellos el torero Pepe Cáceres.  La gente llegaba en sus automóviles en las aceras cercanas del club pidiéndole el favor al joven vigilante el cuidado de su carro con la condición de darle una propina a la salida de la fiesta.  Cansado de caminar de arriba hacia abajo durante toda la noche, escuchando el sonido de las orquestas desde la lejanía, con las cuales se mezclaron con los sonidos de los disparos.  La gente comenzó a retirarse con bullicio, alegría y embriagues. Dándole  propina de agradecimiento por su trabajo, hablándole de la  maravillosa noche que habían pasado, la buena organización del evento y lo bien que tocaba la orquesta.

Las últimas personas salieron a las 5 de la mañana, entre ellos estaba el gran matador Pepe Cáceres, dándole una de las mejores propinas y firmándole un pañuelo para su mama. Era como si se hubiera ganado una lotería se decía a sí mismo. Se dirigió directamente a la galería, compro dos costales de vegetales, frutas y carne fresca recién llegada del matadero. Cogió el autobús directo a su barrio durante el trayecto pensaba en los acontecimientos sucedidos durante la noche. Cuando llego a su casa su madre estaba desesperada, con hinchazón en sus ojos, lo recibió con un manotazo  en la cara pensando lo que su hijo había hecho para poder traer comida a la casa. Le entrego el revólver a su madre y le explicó lo sucedido. Ella lo guardo en la mesa de noche de nuevo con sus vainas sin ningún proyectil.

Pelao

2 comentarios

  • Este es el primer cuento tuyo que leo. No se si es la hora de la noche, pero me ha dejado pensando. Me parece interesante que tome lugar en Colombia, usando palabras muy colombianas como “hoja de vida” en vez de resume, entre otros detalles. Me ha dejado pensando. Cual es el cuento que mas te gusta de todos los que has escrito?

    • La verdad no se cual es el cuento que más me gusta de los que escrito, tengo algunos favoritos como uno escrito hace 3 años, se llama la agonía lo puedes encontrar en los cuentos de agosto del 2006 en la pagina; fue algo que viví cuando trabajaba con la presidencia de Colombia. El segundo favorito es “La pasteurización” lo escribí en septiembre del año pasado; invente un personaje en la historia, un medico de las Américas que ayuda a Pasteur a encontrar respuesta a su investigación. Tercero “El Viaje Astral” en un cuento que tiene que ver con la primera civilización en la tierra; es un cuento mitológico. Me alegra mucho que te hayas quedado pensando con el cuento que leíste, esa es la principal idea de mis cuentos, hacer del lector un protagonista.
      Pelao


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