La tormenta del 29

El viento arrecia y desde hace una horas el oleaje comienza a hacerse notar cada vez mas. Esta vez llega la tormenta el día 29. Los pescadores locales casi siempre cuentan con un temporal al mes y aunque están cansados se han acostumbrado a la mar revuelta y la ausencia de peces.

Por eso este mes cuando ya todos creían que no habría tormenta, cae este temporal de barro y agua sucia. Aparece de la nada para golpear con una violencia inusitada. Los del pueblo corren por las callecitas para buscar refugio, pero ya es tarde. Los techos comienzan a volar y muchos ya están pensando como hará para comenzar de cero.

Cynthia piensa que va hacer sola con su bebe si su marido no vuelve con su canoa de pesca. Todas las tardes a las seis trae la pesca del día y llega cansado al hogar con el que había soñado toda su vida. Allí lo esperan su mujer y si bebe de tan solo seis meses.
La tormenta lo tomo por sorpresa, porque como muchos otros pescadores, ya creía que este mes no habría tormenta. La ira del mar lo forzó a soltar sus redes, una perdida mas. Esa noche no habría comida pensó. Tal vez un enlatado.
Cuando las olas comenzaban a inundar la canoa dejo de preocuparle la comida de la noche y comenzó a pensar en Cynthia y su bebe, Tobias.  Penso en como serian sus vidas si esa canoa se hundía y no podia regresar a tierra.
Para las estadísticas seria un ahogado mas, pero para su familia un hueco que se haría sentir por siempre. Luego pensó que ella, tal vez  con el correr del tiempo, podía conseguir otro marido y si no pasara mucho tiempo su hijo podría llegar a llamar Papa a otro distinto a el. Esta idea no le provocaba ira, sino mas bien incertidumbre.  ¿Existía ese suplente de uno mismo en alguna parte ? ¿ Como seria ? ¿Como trataría a su esposa y a su hijo?
Pensó en las miles de peleas que su matrimonio había atravesado. No podía recordarlas todas, tan solo la ultima. Siempre se recuerda la ultima pelea. Y la primera vez que se hace el amor. También se recuerda al hijo naciendo, la primer comida y la vez que se prendió a la teta.
Al mismo tiempo cuanto mas olas cargaban su canoa, mas ímpetu le ponía al balde para desagotarla. Sabia que había pasado tormentas feas y esta no iba a vencerlo.
El cielo estaba negro y cualquier pescador sin experiencia se habría asustado de ver ese color en las nubes siendo las dos de la tarde. En eso una ola le dio vuelta  la canoa. Todos sus elementos de pesca se fueron al fondo, pero no le importo porque el aun estaba a flote.
Volvió a pensar en la incertidumbre que le provocaba la idea de un padre sustituto para su hijo. Quería pensar en un hombre excelente, alguien que fuera mejor que el . Que no bebiera tanto, que supiera contener la ira y que no descargar sus frustraciones en su pareja.  Sin embargo no lograba encontrar a ese fantasma sustituto. Lo buscaba, quería imaginarlo para poder ahogarse tranquilo, pero la imagen del sustituto no lo tranquilizaba. Imaginaba a  un monstruo sin cabeza, se imaginaba a si mismo volviendo de la muerte para asustar al sustituto, para vigilarlo y obligarlo a no cometer los errores que el había cometido.
Entonces , allí en medio del océano logro darse cuenta que el mejor sustituto era el mismo. Entonces soltó la canoa semi-hundida y comenzó a nadar hacia la costa. La tormenta no se lo hacia fácil pero el estaba decidido a llegar a la costa.
No sabe cuanto tardo pero brazada tras brazada su cuerpo fue arrimandose a la costa. La única idea que lo mantenía vivo era que tenia que hacer llegar al sustituto para que pudiera llevar el calor y la comida y las sonrisas a su esposa e hijo.
Estaba anocheciendo y pensó que si caía la noche no iba a poder llegar. Entonces mientras pudo ver como el sol se escapaba del horizonte entre las olas la brazadas redoblaron su fuerza y en breve sintió el suelo de la costa tocar sus pies.
Llego empapado, lleno de sal y arena. Eran las nueve y cuarto. El sustituto perfecto había llegado. Su hijo iba a tener padre y su mujer un esposo.
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